Es ya un lugar común manifestar nuestra preocupación por el deterioro del medio ambiente, pero ¿hacemos algo efectivo al respecto? Tirar la basura en las canecas públicas no cuenta, pues hay que saber que a algún lugar va a parar esa basura.
Buena parte del problema estriba en el desorden. En esencia,
la basura no es más que un conjunto de cosas de las que no queremos hacernos
cargo y que forman un barullo caótico y difícilmente asimilable por la
naturaleza. Una parte de la solución pasa por consumir menos; otra, por
clasificar para reciclar, y otra, por compostar. A esta última nos dedicaremos.
Compostar, según
reza el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es "obtener
humus artificialmente por descomposición bioquímica en caliente de residuos
orgánicos”. En palabras menos canónicas y más mundanas (qué pereza esos
tipos de la RAE) significa ni más ni
menos que producir abono con desechos como madera, papel, hojas o todas
aquellas cosas que salen de nuestras cocinas. ¡Qué buena noticia, eh!
Existen varias
formas de compostar, pero nadie niega que hacerlo de la mano de una pequeña
amiga llamada Eisenia foetida es la manera más fructífera.
Y no porque nos alegre el día con su atractivo la dichosa amiga, que, la verdad
hay que decirla, la pobre es bastante desgarbada de por sí, falta de carnes (y de
huesos), ciega e insensible a todos nuestros miramientos (excepto a la luz), pegajosita ella y
con una larga, larga lista de otras carencias. Pero, por fortuna (algo bueno debía de
tener la pobre), Eisenia es una dama voraz.
Más adelante nos detendremos en detalles sobre la protagonista de esta historia, por ahora pasemos a hablar de la infraestructura.
La compostadora artesanal
Una rápida ojeada en Google nos arroja como noticia que poco más del 50% de los residuos en un hogar promedio son de origen orgánico, es decir que, en general, proceden de la cocina. Y ya decíamos antes que eso es precisamente de lo que nos valemos para producir el famoso compost. La compostadora artesanal de la que hablaremos a continuación es producto de mi experiencia directa con el manejo de los residuos orgánicos en el hogar y de la labor dada a la Eisenia foetida, o lombriz roja californiana, que es como más se la conoce.
Si bien existen muchas formas posibles de realizar este tipo de montajes, el propuesto aquí, de orientación vertical, cuenta con unas ventajas bien importantes: que es virtualmente inodoro, bastante higiénico si se sabe usar y que no demanda de nosotros mucha atención.
Materiales necesarios
1. La base de todo serán los recipientes, es lo primero que necesitaremos. El que vemos en la imagen funciona muy bien para nuestro propósito por ser un cilindro alto, por ser fácil de conseguir y porque casi todos lo conocemos o tenemos alguno en nuestras casas. Ahora bien, con uno solo no basta, en realidad necesitaremos un total de 4 tarros de estos (o al menos 3 y uno que puede ser más bajo o pequeño, pero que conserve el mismo diámetro).
Algunos opinan que el color de los contenedores influye en la condición de vida de las lombrices, pero he comprobado que no hay mayores efectos. Tal vez solo que, si los recipientes son blancos y hay demasiada luz exterior, las lombrices pueden ser perturbadas, o que si es negro y recibe luz solar directa, el calor interno aumentaría nocivamente para ellas. En todo caso, si la luz es estable y no incide sobre nuestra compostadora, no tendríamos de qué preocuparnos.
2. También necesitaremos varias de estas (¡que no son papas, eh!, sino piedras). Es importante que sean de tamaño medio, como las de la imagen, y además que tiendan a ser redondeadas, como las piedras de los ríos. Ya veremos por qué.
3. Este es un material opcional, pero muy útil si queremos preservar el lecho de las lombrices con una óptima temperatura. Se trata de un tubo de PVC de 2.5 pulgadas de diámetro (recomendablemente, pero puede ser más o menos angosto) y una altura igual a la de los tarros anteriores. También es bastante fácil de conseguir, se compra en cualquier ferretería por metros. Los agujeros que tiene cumplen una función que luego veremos. Vale aclarar que en realidad debemos usar dos de estos y el segundo debe tener una longitud de unos 10 centímetros menos.
4. En la imagen, un trozo de tela de un área un poco mayor a la circunferencia de los tarros. Puede ser de cualquier tipo, no importa cual, lo que cuenta es que sea capaz de tapar bien la parte superior para no llamar la atención de los insectos voladores. Se necesitarán dos trozos, pues tendremos dos recipientes distintos abiertos, y esta simple tapa nos facilitará la oxigenación del sistema pero impedirá la entrada de visitantes indeseados. También, si les resulta asequible, puede confeccionarse una funda que cubra el tarro completamente; con ello se gana además la posibilidad de una mejor presentación del conjunto.
7. parrilla o varillas sostenedoras
Montaje

1. De los cuatro tarros (o cuñetes, como también son conocidos) tres de ellos deben ser perforados tal como se muestra aquí. Las perforaciones son idénticas a las que debemos hacer en los tubos. Con un taladro simple el trabajo se hace en menos de 5 minutos, pero si no se cuenta con uno se pueden lograr con un clavo o una varilla puntiaguda calentados en una estufa. Esta última opción puede ser engorrosa.
Las papas que mostraba antes... no,
mentiras, las piedras, deben disponerse sobre el fondo de los tres
tarros perforados tal y como aquí se muestra. Por experiencia, sé
que esta tarea es fundamental o de lo contrario la pasaremos
realmente mal con los lixiviados. Conseguirlas puede llevarnos algo de tiempo, pero si vamos con frecuencia al río (yo, por ejemplo, las conseguí en el Pance), en dos visitas podremos obtener las necesarias.

Lo siguiente es bastante
simple: ubicamos el tubo con las perforaciones justo en la mitad del
tarro. Con esto conseguiremos que el drenaje de los líquidos sea
óptimo, además de regular la temperatura de todo el sistema por la
circulación de aire (la fermentación produce calor, algo no muy
bueno para las lombrices).
Y, finalmente, podemos empezar a recolectar los residuos orgánicos de nuestro hogar. Es importante decir que casi todo se puede usar, incluso trozos de papel y cartón. La clave de la eficiencia está en que lo que dejemos allí quede un poco troceado. No es indispensable que sea mucho, pero, por ejemplo, una cáscara de plátano se descompondrá más rápido si en lugar de entera se rasga en dos o tres partes.
Solamente nos queda esperar a que se llene este primer tarro. El tiempo que tarde, como es lógico, variará de acuerdo a la cantidad de personas del hogar y a la cantidad de vegetales que se consuman (pero, para señalar un tiempo estimado, puedo decir que en el caso de nuestra familia --que somos dos personas-- llenar este primer recipiente nos lleva cerca de un mes). Pasada esta etapa podremos poner la totalidad de las lombrices sobre los vegetales, que ya habrán empezado ha compostar.
Ahora bien, supongo que se preguntarán qué hacer a continuación si las lombrices están ya todas devorando la primera composta. Pues aquí es donde interviene el segundo tarro con las perforaciones y que aún no usamos. Simplemente disponemos este para empezar a rellenarlo con nuevos residuos orgánicos, siguiendo exactamente las mismas pautas que hemos mencionado para el drenaje y la circulación del aire. Mientras tanto, el primer tarro reposará sobre una parrilla y sobre el balde intacto, el que no perforamos, con el fin de recoger el compostaje líquido.
Ahora sigue lo más interesante: luego de pasado otro mes (aproximadamente, pues hablo desde nuestro caso familiar) pondremos el 2º cuñete bajo el primero, es decir, justo en medio del colector de líquidos y el cuñete con la composta avanzada, para formar una torre como se ve en la foto:
Mientras, iniciamos el mismo proceso de colecta de residuos en el tercer y último cuñete. Para cuando este se llene, un mes despues, habrán pasado tres meses desde que iniciamos el proceso, y todo el contenido del primer cuñete se habrá convertido, ¡maravillosamente!, en el abono más rico en nutrientes que se pueda encontrar. ¡Y todo gracias a las desgarbadas!
Tan solo queda señalar, como lo intuirán, que el ciclo se cierra simplemente retirando de la torre el 1º cuñete y poniendo el tercero de nuevo en la mitad. Vaciamos el contenido del que ya está listo, reacomodamos las piedras y el tubo, y el abono lo podemos emplear con las plantas o lo podemos almacenar en donde dispongamos. Así iniciamos de nuevo el ciclo con un cuñete vacío.
¿Y las lombrices? Curiosamente la mayor parte de las lombrices ya habrán migrado de este 1er cuñete, pues al no encontrar alimento ni buena humedad, viajarán por los orificios del fondo para instalarse en el cuñete de abajo. Para eso los montamos uno sobre otros.
Ahora sigue lo más interesante: luego de pasado otro mes (aproximadamente, pues hablo desde nuestro caso familiar) pondremos el 2º cuñete bajo el primero, es decir, justo en medio del colector de líquidos y el cuñete con la composta avanzada, para formar una torre como se ve en la foto:
Mientras, iniciamos el mismo proceso de colecta de residuos en el tercer y último cuñete. Para cuando este se llene, un mes despues, habrán pasado tres meses desde que iniciamos el proceso, y todo el contenido del primer cuñete se habrá convertido, ¡maravillosamente!, en el abono más rico en nutrientes que se pueda encontrar. ¡Y todo gracias a las desgarbadas!
Tan solo queda señalar, como lo intuirán, que el ciclo se cierra simplemente retirando de la torre el 1º cuñete y poniendo el tercero de nuevo en la mitad. Vaciamos el contenido del que ya está listo, reacomodamos las piedras y el tubo, y el abono lo podemos emplear con las plantas o lo podemos almacenar en donde dispongamos. Así iniciamos de nuevo el ciclo con un cuñete vacío.
¿Y las lombrices? Curiosamente la mayor parte de las lombrices ya habrán migrado de este 1er cuñete, pues al no encontrar alimento ni buena humedad, viajarán por los orificios del fondo para instalarse en el cuñete de abajo. Para eso los montamos uno sobre otros.


La vida de Eisenia: precauciones y cuidados de la lombriz roja californiana
Conclusión (cambiar nombre)
{hablar de cero desechos}
Aunque el post ha resultado bastante
extenso, no debe pensarse que esto es sinónimo de que resulte
difícil o complejo el montaje del sistema que propongo. Lo cierto es
que tanto los elementos requeridos como el trabajo necesario, si se
miran bien, no son muchos. Antes bien es enorme la satisfacción que
deja saber que al menos la mitad de la basura que antes tirábamos se
convertirá ahora en los nutrientes esenciales de nuestras plantas.
Y si esas plantas son hortalizas u otro tipo de cultivo para nuestra
alimentación, la idea de saber que emprendemos un ciclo de
transformación autosostenible (comida-residuos-comida) nos aleja un
poco de la culpa de no hacer nada por el planeta.
montaje
cuidado del lombrices
practicas recomendas y consejos
regar cuando estè seco
cascaras de huevo con limon o naranja
no regar ni echar liquidos en la compstadora principal
Ventajas y desventajas del sistema






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